Identifica y pon a prueba tus suposiciones
Una guía práctica: descubre las suposiciones que hay detrás de una decisión, priorízalas, pon a prueba las más arriesgadas y mantenlas bajo control con el tiempo.
Tabla de Contenidos
1. Qué cuenta como una suposición
Una suposición es todo aquello que su plan necesita que sea cierto pero que aún no has confirmado. «Los clientes renovarán», «podremos contratar al equipo a tiempo» y «el proveedor podrá ampliar su capacidad» son todas suposiciones. La mayoría de los planes se apoyan en muchas más de las que la gente imagina.
Las peligrosas suelen ser las suposiciones silenciosas que sostienen todo y que nadie pensó en cuestionar: creencias tan arraigadas que nunca se dicen en voz alta. Cuando una de ellas resulta ser falsa, suele aparecer como una sorpresa evitable: tarde y a un coste elevado. Anotar las suposiciones es el primer paso para abordarlas de forma deliberada.
2. Saca a la luz las que no has dicho en voz alta
No puede gestionar una suposición que no ha nombrado. Estas preguntas rápidas, tomadas de la práctica habitual, ayudan a sacar a la luz las suposiciones ocultas:
- Revisión de suposiciones clave: enumera las suposiciones de trabajo sobre las que se apoya su criterio y pregúntate de cada una: ¿cuánta confianza tengo en ella y qué pasaría si fuera falsa?
- Salto de fe: identifica la una o dos creencias de las que depende todo el plan. Si estas son falsas, lo demás no importa.
- Áreas habituales: repasa los clientes, la demanda, el coste, los plazos, las personas y la tecnología, y pregúntate qué estás suponiendo sobre cada una.
- Autopsia anticipada: imagina que el plan fracasó estrepitosamente y luego explica por qué. Cada motivo del fracaso suele esconder una suposición.
- Personas implicadas: elige a una persona o grupo afectado por la decisión y pregúntate qué estás suponiendo sobre cómo reaccionará.
3. Ordénalas según su importancia y su evidencia
Una vez que tenga la lista, sitúa cada suposición sobre dos ejes: su importancia (cuánto depende su decisión de ella) y la cantidad de evidencia que realmente tiene a su favor. Eso convierte una lista larga e intimidante en una imagen clara de dónde se concentra su verdadero riesgo.
Valore la evidencia con honestidad. Una opinión firme no es evidencia; una sola anécdota es evidencia débil. La mayoría de las suposiciones iniciales se sitúan en el lado de poca evidencia, y eso es completamente normal: simplemente le indica dónde mirar a continuación.
4. Decide qué poner a prueba primero
Cada suposición cae en una de cuatro zonas, y la zona le dice qué hacer a continuación.
Probar primero: importante, con poca evidencia
Aquí es donde vive su verdadero riesgo. Son las suposiciones de salto de fe de las que depende su plan y que, sin embargo, das por buenas casi a ciegas. Diseñe una prueba antes de comprometerte: poner a prueba una de estas pronto, mientras equivocarse siga siendo barato, vale más que pulir aquello de lo que ya está seguro.
Vigilar: importante, con buena evidencia
Sostienen el plan y, por ahora, están respaldadas. No necesita ponerlas a prueba ahora mismo, pero coloque una señal de alerta para darse cuenta si la evidencia cambia.
Aparcar y Anotar: poca importancia
Suposiciones que no cambiarían gran cosa si fueran falsas. Anótelas y siga adelante; no invierta aquí su escaso esfuerzo de comprobación.
5. Haz una prueba rápida y coloca una señal de alerta
Para poner a prueba una suposición, diseñe el experimento más pequeño que le daría evidencia real, decida de antemano qué resultado contará como acierto o fallo, ejecútalo y anote lo que aprendió. Una preventa, una página de aterrizaje, unas cuantas entrevistas con clientes o una prueba técnica rápida son todas pruebas válidas. La meta es sustituir una conjetura por evidencia antes de comprometerte, no construir primero todo el proyecto.
Algunas suposiciones importantes no se pueden poner a prueba del todo por adelantado. Para esas, coloca una señal de alerta: un indicio observable y temprano de que la suposición empiece a fallar, como una métrica que cruza un umbral, un comportamiento de los clientes o un cambio normativo. Una señal de alerta le avisa de cuándo reexaminar la decisión, para que un cambio en la realidad no le pille por sorpresa más adelante.
6. Haz un seguimiento de tus suposiciones con el tiempo
Las suposiciones no son un ejercicio puntual. A medida que reúna evidencia, vaya actualizando el estado de cada una (de sin probar, a en pruebas, a validada, invalidada o en seguimiento) para que el mapa refleje siempre lo que realmente sabe.
Vuelve al mapa con regularidad. La evidencia cambie, y una suposición que era segura el trimestre pasado puede volverse arriesgada sin que se dé cuenta. Mantener todas las suposiciones en un solo lugar (incluidas las que surgen en sus otras herramientas de decisión) hace que nada importante se escape.
¿Listo para mapear tus suposiciones?
Abre el Mapa de Suposiciones para identificar, priorizar, poner a prueba y hacer seguimiento de las suposiciones que hay detrás de su próxima decisión.
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